Durante mucho tiempo, hablar de inteligencia artificial en el trabajo parecía hablar de un futuro lejano. Se pensaba en robots, fábricas automatizadas o sistemas capaces de realizar tareas que hasta entonces solo podían hacer las personas.
Hoy la inteligencia artificial puede formar parte de muchas actividades que realizamos diariamente. Puede ayudarnos a buscar información, organizar ideas, resumir documentos, preparar una presentación, analizar datos, redactar un primer borrador o encontrar alternativas para resolver un problema.
Lo importante no es solamente que estas tareas puedan hacerse más rápido. El verdadero cambio está en la manera en que las personas pueden trabajar con la tecnología.
Una herramienta de inteligencia artificial puede convertirse en un apoyo para un profesional que necesita analizar información, para un emprendedor que busca nuevas ideas o para una organización que quiere mejorar alguno de sus procesos. En cada caso, la tecnología puede asumir parte del trabajo, pero la decisión sobre qué hacer con los resultados continúa dependiendo de las personas.
Por eso, la llegada de la inteligencia artificial al trabajo no significa simplemente hacer lo mismo en menos tiempo. También significa preguntarnos qué tareas podemos transformar, qué procesos podemos mejorar y qué nuevas posibilidades podemos crear.
Menos tareas repetitivas, más tiempo para pensar
Una de las oportunidades más evidentes está en aquellas actividades que consumen tiempo y se repiten constantemente, con son las de ordenar información, clasificar documentos, elaborar resúmenes, preparar borradores o procesar grandes cantidades de datos son ejemplos de tareas en las que la inteligencia artificial puede convertirse en un apoyo.
Cuando una herramienta se encarga de una parte de ese trabajo, las personas pueden dedicar más tiempo a actividades que requieren algo diferente: comprender, analizar, decidir, crear y resolver problemas. Esto no significa que la tecnología haga desaparecer el trabajo. Significa que algunas tareas pueden cambiar de lugar dentro de nuestro trabajo cotidiano.
El valor estará en saber utilizarla
Tener acceso a una herramienta de inteligencia artificial no garantiza obtener buenos resultados.
Será cada vez más importante saber qué pedir, cómo formular una pregunta, cómo proporcionar información y, sobre todo, cómo evaluar la respuesta obtenida.
Una respuesta puede parecer correcta y, sin embargo, contener errores. Por eso, utilizar inteligencia artificial también implica revisar, contrastar información y aplicar nuestro propio criterio. En otras palabras, la inteligencia artificial puede generar respuestas, pero las personas siguen siendo responsables de las decisiones. Esto hará que algunas capacidades adquieran todavía mayor importancia: el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de comunicación y el conocimiento especializado.
Una nueva forma de trabajar
La transformación probablemente no ocurrirá de la misma manera en todas las profesiones ni en todas las organizaciones. Habrá actividades en las que la inteligencia artificial tendrá un papel muy importante y otras en las que su presencia será más limitada. También surgirán nuevas formas de colaboración entre personas y herramientas digitales.
No necesariamente se trata de convertirse en un experto en tecnología. Se trata de entender qué puede hacer la IA, reconocer sus posibilidades y utilizarla de manera responsable para resolver problemas concretos.

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